La Décima, el despertar del alma.

Lurio de 80 años es un campesino cubano de allá de la zona de donde crecen las palmas en la sierra del Rosario, con su mirada cansada de trabajar el campo pero amable, característico del guajiro, se acerca a mí con su yegua por el camino. Yo iba rumbo a la sierra en busca de algunas orquídeas cubanas ya que me gusta coleccionarlas aunque de ellas hablaremos en otro momento. Mientras caminábamos curiosamente le pregunto, ¿Lurio usted sabe que es la décima o conoce algún repentista de la zona? Se sonríe y me dice, hijo yo cuando tenía tu edad enamore a mi mujer con serenatas y en aquel entonces me salían las decimas, que según mi abuelo eran el despertar del alma, la forma del campesino de ver la vida, yo me iba todas la noches para casa de José María que era el padre de Ana María mi mujer y allí con él sentado en el medio de nosotros dos, bajo la luz tenue de un quinqué estaba una hora hablando con Ana y recitándole las decimas que iba componiendo por el día mientras araba los bueyes en el campo, así estuvimos nueve años de novios, hasta que me casé con ella y empezó mi vida de casado. Nos fuimos a vivir a un bohío que construí yo mismo con estas manos, más cuatro chivos, tres vacas, una yunta de bueyes, mi caballo Pelencho y mi perro fiel Tremendo. Lo interrumpo por un momento y le vuelvo a preguntar ¿Usted se acuerda de alguna décima en especial?, se sonrió nuevamente y me dijo, ¡Tienes donde anotar! Mientras lo hacía me reía de las ocurrencias en las decimas que aquí les pongo para compartirlas con ustedes:

Anónimo:
Este mundo es un carajo
en forma de gallinero
donde él que sube primero
se caga en el que está abajo.
Pero si sube un guanajo
de peso no muy ligero,
puede que se parta el gajo
y entonces van al carajo,
los de arriba, los de abajo,
y aquel que subió primero.

El poderoso:
Pinté la noche de blanco
tiré un cubo de agua al sol
y dentro de un caracol
metí una silla y un banco.
Yo desbaraté un barranco
de un puñetazo violento;
con dos sacos de cemento
hice un castillo en el mar
y a la orilla de un palmar
dibujé el color del viento.

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